En tres noches

El escritor, el diáfano, el doctor, el académico, el mustio, el fracasado, el cursi, el puto borracho o el insolente. En tres noches me convertí en todo aquello que siempre quise alcanzar; sólo bastó una pluma y un cuaderno para que, en noches como éstas, alcanzará los días nublados de Inglaterra, las noches gélidas de Escocia, la maravilla de los campos de Holanda, suspirar en los balcones de Bogotá, beber un poco de zumo de naranja en España y algunas cervezas junto con momentos de inspiración para bailar en el mar de Panamá o danzar tango en la bella ciudad de Buenos Aires. La letra y yo, desde hace más de un lustro tenemos un pacto silencioso, yo la domino y la prostituyo hasta leer lo que quiero leer, para que ella, al ser leída, el lector sienta lo que yo quiero que sientas cuando me haces el favor de leerme. Escribir tiene su lado pedante y egoísta, no los conozco pero ustedes casi me conocen bien. No soy ni poeta, dramaturgo, cuentista, científico o filósofo. Sólo intento desangrarme en un poema, por ella, que la echo tanto de menos. Aún no supero su adiós a golpe de ventana en una noche de lluvia; el peor día de mi vida hasta ahora, junto con la muerte de mis amores ahora lejanos.
Pero, ¿qué le vamos hacer? No tenemos culpas de desgracias, porque gracias a ellas, unos cuantos tenemos la fortuna de convertirnos en intentos de poetas o ebrios nocivos, tóxicos para la enfermedad social llamada vida.

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La noche

A veces la noche me da nostalgia. Pero no es de amor, ni de amores, ni locuras. Sólo me da nostalgia, así sin nada más, con ese sentimiento que me permite escribir los versos más desgarradores o los más trillados. La noche, a veces me da nostalgia; recuerdo todo y todo se aparta de mi.
Trato de escribir como si estuvieras aquí mirándome; tocándome; besándome; teniéndome; seduciéndome, meditando al oído las palabras más hermosas y suculentas para atraer mi atención, pero sólo estás aquí del otro lado de esta pantalla que nos permite acercarnos, pero a su vez, distanciándonos un tanto más.
A veces, la noche me da nostalgia que impide la coherencia en mi texto, pero que brota la inspiración y la necesidad de hacerlo. A veces, la noche me da nostalgia, tanto que cierro mis ojos y trato de fantasear en el abismo oscuro del cierre de mis parpados; siento el aroma del cigarro, pero que no cura mi tristeza por la ausencia.
A veces, la noche me da nostalgia.

Te sigo amando tanto

Y después de un tiempo, vuelvo a saber de ti. No has cambiado mucho, simplemente reiteraste lo que siempre fuiste. Una mujer libre de inquietudes discortas, amante de los estudios de género, obcecada, intelectual de la política y de los temas que merecen tu lectura. Inquieta, curiosa, artista con tus manos llenos de creatividad. Tu niño que resguarda tu vida, ahora no sólo le lees cuentos sino también le escribes. Tu cabello sigue siendo el mismo: despeinada, de memoria atrevida y sexual con ojos de locura. Tu carácter fuerte pero tierna, guerrera en un cuerpo de mujer; de piernas preciosas, de manos casi perfectas siempre frías y firmes para dictar y condenar la injusticia de quienes defiendes a capa y espada. Tu pueblo, tus mujeres, tu urbanismo, tus flores, tus artesanos, tus bordados, tu comida, tu ser.
Quisiera poder olvidarme de ti, a golpe de ventana como lo hiciste en aquella madrugada que el tiempo lo hizo longeva. Quisiera poder arrancarte de la memoria y de mi estereotipo de pretendientas que no encuentro por mi camino.
Dejaste huella en mí; sin duda no existe mujer más imperfecta sabía y fraterna que tú misma.
Te juro que te sigo amando tanto…

 

Pensamiento de insomnio, última noche

¿Qué decir del fin de año? Desde hace un lustro me da una terrible nostalgia y siento una incertidumbre inquietante. Por lo regular, los comienzos de año son terribles. O se viene la muerte, la enfermedad o se mueve el barco de la poca estabilidad. No siempre ha sido así; afortunadamente. Este año que concluye podría decir que me fue maravilloso, y no trato de ser políticamente correcto. [Quienes me conocen, saben que odio ser así] Culminé mis estudios de doctorado, encontré el trabajo del que he aprendido mucho, rodeado de gente fabulosa, muy capaz, interesante, realmente admirables. Creo que al fin me siento contento con lo he hecho en mi excepcional vida. Afortunadamente, el tiempo me ha dado para escribir más, para leer más libros, escuchar más música y ver películas. Este año que termina me ha despertado el interés por el arte, y, ¡vaya que soy un estúpido para comprender la diferencia entre lo bello y lo sublime! La estética y la historia del arte nunca ha sido mi fuerte. Pero la recibo como un espectador más de su maravilloso encanto. Sobre el amor bueno, hemos aprendido a hacer del dolor un motivo para intentar redactar parágrafos bajo los efectos de un buen trago de cerveza. Aprendí a transformar el dolor en verso libre; mis pocos lectores a más de uno creo que les agrada [Y eso me hace feliz, en ese sentido, la tragedia se convierte en goce y pundonor]. No me agradó tanto la idea de abandonar por un tiempo las aulas y mis alumnos: ¡Los extraño tanto! Por más cosas que hago, nada se compara a ese bello lugar del salón de clase. En donde la filosofía, la ciencia política y la literatura toman una forma realmente fascinante, que a veces no logro explicar. De verdad lo amo tanto que es agua para mi existencia.
Mis amigos van bien a pesar de su confusión, soledad y tristeza, pero me reconforta que aún creen en la esperanza luchando diariamente para que sus sueños se cumplan: ¡Los respeto y los admiro! He aprendido tanto de ellos, que forman una parte fundamental de mi vida, a pesar de que este año nos hemos separado un poco más. Pero, así es esto, no siempre la compañía es para siempre. Uno aprende que la amistad también es libertad.
El siguiente año espero que sea mejor; mucho mejor para todos ustedes.
El próximo año cumpliré mis primeros 30 años, es momento de comenzar a prepararse para afrontar el futuro de mi vejez de la mejor manera.

Como aquella frase de la película El Fuego Inolvidable: “Lo que pida la vida”.

Pensamiento de insomnio, última noche.

Memoria de un día de reyes

Recuerdo que días como estos eran llenos de gloria: mi bota de dulces y juguetes, aunque debo confesar que desde los 5 años jugué mi primer videojuego, el famoso “Atari”, después llegó Nintendo y junto él llegaron títulos como “Mario Bros”, “Donky Kong” y “Double Dragon”. Tuve casí todas las consolas de los 90’s, así como la endeble tecnología del momento: walkman, una computadora y mis cassete’s de Michael Jackson y curiosamente de los Beatles, mi canasta de basquetbol, avalanchas, bicicletas. Llegó 1999 y mis padres (Reyes magos) me regalaron mi play station one: Resident Evil, Crash bandicoot, Fifa 99. Aunque disfrutaba más de las maquinitas de la esquina, creo que llegué a ser uno de los mejores en “The king of fighters” y “Metal Slug”, aunque de todos esos bellos recuerdos me quedó con la pandilla de mi cuadra, de la canchas y de mi hermosa 

Pensamiento de insomnio, noche de diciembre

Dedicarse a las letras y pretender ser un sujeto de ideas en la ciudad realmente es una odisea salvaje brutal. Uno tiene que ser muy cuidadoso con lo que hace, dice, piensa, actúa y profesa. Si bien puedes ser un tipo que pase desapercibido si lo haces bien, entonces comienzas a ser la atención de mucha gente. Atraes emociones, sensaciones y argumentos de todo tipo; buenos y malos, propositivos y descalificativos. Pretender ser un intelectual realmente hay que tener hígado y mucha paciencia. Sacrificar muchos placeres y estabilidad emocional para combatir y aceptar la condena de la crítica, que por lo regular es reaccionaria, con mucha bilis y poco seso. Aunque para ser un intelectual existen dos caminos: el camino políticamente correcto en donde tu argumento es comúnmente aceptado, te conviertes en símbolo de admiración rápidamente, ganas seguidores, te haces de “amistades” que aparentan quererte y apoyarte pero si lo haces mal en un momento determinado o los traicionas entonces eres desterrado y condenado. Y en consecuencia, está el camino políticamente incorrecto; el camino del intelectual independiente, autónomo, autodidacta, el de la crítica ácida, feroz, propositiva y polémica. Aunque eso te conduzca a ser objeto de desprecio, de ganarte enemistades, que a menudo la gente no te aplauda o te vanaglorie y ser excluído de los laureles de los congresos, de los reconocimientos y bondades que posibilita [limitadamente] ser un sujeto de letras.
Yo elegí alguno de esos caminos, tuve errores garrafales que me arrepiento con toda mi alma algunos conciente e inconciente y no sé si tuve aciertos. Pero ser un intelectual valen más los desaciertos; un error y te vas al meollo del infierno. Yo cometí un error y acepto mi responsabilidad.
Tal vez lo hice por querer demostrar que estúpidamente era mejor que tantos, que a pesar de mi corta edad puedo ser mejores que aquellos escritores y colegas que llevan años diciendo lo mismo y nunca ha pasado nada.
Pero desde hace algunos años lo he entendio a la perfección. Estar en la academia es un estado de guerra, es la competencia pura para demostrar que sus ideas a veces valen más que la de los otros. De ahí que surgan grupos académicos con intereses, placeres y deseos. Cuando decidí dedicarme al camino del saber y de la enseñanza pensaba que ese era el lugar de la posibilidad. De construir mundos posibles, y, ¡qué estúpido fui! A menudo se habla de libertad, de paz, de altruismo, de derechos humanos, de justicia, de igualdad, de fraternidad, amor, entre muchas otras cosas. Pero a veces la academia se convierte en una cortina de acero, en un espacio vacuo, elitista y reacio a la vida y a la experiencia.
Tengo veintiocho años y estoy cansado de eso. No puede ser que a mi edad me sienta como un viejo moribundo esperando el descanso eterno. Esto me desgastó, me frustró, me aniquiló, me aburrió. Es para que yo estuviera trabajando cotidianamente, tal vez con una compañera a mi lado, viajando por gusto y no por intelecto. Sin cuidar mi imagen del qué dirán. Escribiendo para mi y no para desconocidos. Simplemente viviendo tranquilo, con diversiones y emociones.
Renunciaré a esto. Renunciaré a ser un sujeto de intelectos, renunciaré a mis clases, renunciaré a mis escritos por vanidades y renunciaré a esas gentes que cuando te ven medio muerto se convierten en buitres esperando desmembrarte por completo para aniquilarte.
Con mi garrafal error cierro un ciclo, pero gracias a ese error me di cuenta que no puedo seguir viviendo así.
Así es la vida, de aciertos que enamoran o desaciertos que te condenan. Pero me voy tranquilo porque antes del error, hice todo lo que mejor sabía.
Tal vez cerraré esta red social, no lo sé.
Lo que sí sé es que pido perdón por todo; me voy a vivir otra vida.

¡Nos vemos!

Víctor Hugo.

Bienvenida

Pasaron más de mil días y quinientos insomnios para que yo te encontrara en una tarde de diciembre. No te lo voy a negar, desde hace unos meses en mi vida todo marcha bien. Aunque sería perfecto si mi hermoso gato estuviera conmigo y mi aquél amigo viviera en santa paz. Pero, uno aprende a vivir a como venga la vida. No me gusta mucho el entusiasmo; he aprendido a vivir con la esperanza entre los dientes, siempre con incertidumbre, ingenio, aventura y un poco de bondad, humildad, comprensión, respeto y amor como principio.
Entiendo que tú, siempre has estado ahí pero para mis ojos eras transparente, una silueta más de una mujer como todas: viva, inteligente, única, culta, asombrosa y sumamente guapa. Podría decir mil cosas que… puede que mucha gente te diga, pero si podría resumir mi interés por ti son por tus ojos azucarados, tu corazón de durazno y tu sentido del humor. Ese carácter tan fuerte y único que me aligera la existencia y presiento que me quita el vicio y la maldad. Y vaya que ha sido complejo. Volver a anteponer mi encanto de mi soledad por la terquedad y la ternura de tus brazos. ¡Vaya!, ¡Vaya qué vale la maldita pena! Porque a pesar de nuestra agonía y creencia por el Eros, eso que no sabemos pero todos perseguimos, siempre valdrá la bendita pena. Morir, arriesgarse… El amor es para los valientes; para los guerreros de la libertad y la convicción. Aunque uno casi siempre sale herido, pero. ¿Qué sería de nuestra agonía sin el asombro del amor? Animales racionales queriendo reducir al mundo a la naturaleza de lo humano. El mundo y lo que hay en él va más allá de la racionalidad y condición humana. No seamos tan ególatras para querer resumir todo lo finito a nuestra sed de infinitud. No me conformo a eso simplemente, por eso te busco y ahora que estás frente a mí, tal vez pensando: ¿Qué demonios dice este tipo? Para mí nada es igual, porque a pesar de haber amado como loco en un par de ocasiones, yo acepto lo que sea; a como el venga el futuro, pero tengo ganas de estar a tu lado. Un tiempo, una noche, un lustro, un momento o una vida. Te encontré; me encontraste, nos encontramos. Tenemos miedo, lo sé, pero si algo he aprendido de los libros y mis fracasos es que ser cobarde en el amor equivale a estar muerto. Y te juro que no me quiero ir de este mundo sin haber estado contigo.

Si tú quieres, que el título del prólogo de nuestra naciente historia tenga por primer capítulo: Bienvenida.