Sujétame

Sujétame, así como te aferras con tu esperanza entre los dientes. Sujétame; no te olvides de mí que deambulo entre la bruma de la confusión y el conformismo de la ignorancia. Sujétame que soy demasiado débil para no estar atado a tu limbo de ternura, maniatado a tu olvido, perdido entre tus sombras. Sujétame como si fuera tu último suspiro antes de encontrarte con tu muerte. ¡Por Dios! Sujétame, no me digas que me amas, porque en más de mil ocasiones me han abandonado a la suerte, engañándome con besos, creyéndome ser amado. Sujétame que tengo miedo a estar solo y no ser digno de mi soledad que ya no aterra pero, ¡diablos!, como desespera. Sujétame existencia mía, fúndeme en tu incógnita que de caos estoy lleno en tu bella sonrisa, de tu corazón que me acaricia, de tu linda mirada y de tus cálidas piernas. Sujétame no me dejes ir, que de añoranza estás hecha en mis canciones de infiernos.
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Ausente

Estoy ausente; lejos de las bondades y de mis amores que fueron importantes. Estoy casi muerto viviendo una existencia expuesta a riesgos latentes. Me arropa el polvo a llegar a casa; me arrulla el silencio de los días todavía sin oscurecer, un minuto se ha convertido en un momento de descanso y un segundo se ha convertido en una paga incompleta.
Estoy ausente, mis paredes extrañan el olor de mi cigarro cuando intentaba escribir algo digno de reconocimiento dúctil, inverosímil siempre inútil a los regocijos de los lectores extraños y siempre desconocidos. Estoy ausente de lo que me dio vida y libertad, goce y regocijo; vicio y fuerza. Estoy lejos de mis casi libros por leer, de mis amigos que fueron motor, y ¿de las mujeres? De ellas mejor ni hablemos, no me interesan. Estoy lejos de los sonidos de las madrugadas, sus verdades, fobias, miedos y vaivenes. Estoy lejos de la tabla de letras que eran magia, inspiración, imitación y creatividad. Estoy lejos de las ideas que me exitaban y de los soberbios con etiqueta expuesta de academia imberbe. Estoy lejos del aburrimiento en una mañana de lunes; estoy lejos de mi cama a las 2 de la tarde, lejos de mi cocina, de mi pluma. Mi diversión ahora es de 14 a 15 horas… Estoy lejos; en otro mundo viviendo con otros mundos ordinarios. Y así es esto: La dualidad de mi aspiración como en este intento de poema mal escrito… Tratando de decir nada desde un lugar lejos de todo.

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Ausente

Estoy ausente; lejos de las bondades y de mis amores que fueron importantes. Estoy casi muerto viviendo una existencia expuesta a riesgos latentes. Me arropa el polvo a llegar a casa; me arrulla el silencio de los días todavía sin oscurecer, un minuto se ha convertido en un momento de descanso y un segundo se ha convertido en una paga incompleta.
Estoy ausente, mis paredes extrañan el olor de mi cigarro cuando intentaba escribir algo digno de reconocimiento dúctil, inverosímil siempre inútil a los regocijos de los lectores extraños y siempre desconocidos. Estoy ausente de lo que me dio vida y libertad, goce y regocijo; vicio y fuerza. Estoy lejos de mis casi libros por leer, de mis amigos que fueron motor, y ¿de las mujeres? De ellas mejor ni hablemos, no me interesan. Estoy lejos de los sonidos de las madrugadas, sus verdades, fobias, miedos y vaivenes. Estoy lejos de la tabla de letras que eran magia, inspiración, imitación y creatividad. Estoy lejos de las ideas que me exitaban y de los soberbios con etiqueta expuesta de academia imberbe. Estoy lejos del aburrimiento en una mañana de lunes; estoy lejos de mi cama a las 2 de la tarde, lejos de mi cocina, de mi pluma. Mi diversión ahora es de 14 a 15 horas… Estoy lejos; en otro mundo viviendo con otros mundos ordinarios. Y así es esto: La dualidad de mi aspiración como en este intento de poema mal escrito… Tratando de decir nada desde un lugar lejos de todo.

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Fracasos

Mis amores fracasados son por culpa de la carencia de inteligencia, tanto de mis exparejas, como propia. Supongo que por eso a X la amé demasiado; ella era sabia que adoraba la libertad y aparte nos amábamos tanto. Por eso después de tanto tiempo sigue doliendo su adiós. Era tan hermosa para mi ojos y tan importante para mi vida que aprendió a convertirse en fantasma para que comprendiera que el amor también es ausencia. En ese sentido, camino con ella, pero soy tan débil que busco su cuerpo y su alma en mujeres desconocidas, el éxtasis que ella desprendía la busco en el alcohol y la inspiración en poemas mal escritos

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Abandonos

Dejé el cigarrillo- qué conflagración- una íntima convivencia de más de ocho años. Dejé el café. Dejé las luminosas salas de los bares. Y dejé de pegarle a las bolas de los billares en tardes monótonas. Dejé las turbulentas madrugadas donde abrazas a tu enemigo cuando te conduces hacia alguna tienda en busca de más alcohol. Dejé a solas mis madrugadas sin música de Tom Waits, Depeche Mode y Chet Baker; sin más canciones de Marianne Faithfull. Sin mis alabanzas a la equivoca belleza de las prostitutas otra vez doncellas. Y cuando todo lo dejé concentré mis adicciones en intentar amarte, de modo que ahora estoy otra vez colgado en la sala de mi cuarto. Me fumo tus silencios, tus palabras, tus miradas. Me bebo tus humores, tus dulces o amargas secreciones . Me paso las noches en vela en la sala de los espejos que me confunden y me marean. En donde tu cuerpo se hace magia y mi nostalgia se la lleva mis insomnios convertidos en letras.

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Sobre la militancia…

Yo no tengo nada contra la militancia política, lo que me desanima mucho de quienes ejercen esa labor es la repetición de panfletos discursivos emanados por los líderes. Una militancia digna de ser representada radica, entre muchas otras cosas, en la crítica y en la auto-crítica, en la proyección política y en la sapiencia. Sobre todo cuando seguimos planteando la idea de los partidos políticos de izquierda o de derecha (significaciones que desde mi perspectiva están agotadas e ilimitadas en nuestro panorama nacional e internacional). La militancia cuando es profesada significa la transformación del prestigio de la ideas en el influjo de la autoridad, la sumisión de las instancias inferiores por las instancias superiores del partido. Esta falta de capacidad origina que los partidos políticos caigan en un vacío intelectual para reformularse, y así mismo, la incapacidad para plantear discusiones y soluciones que a la sociedad los acongoja dejando atrás los estereotipos y los estigmas. Ejemplos claros de temas que quedan pendientes: La legalización de la marihuana, temas sobre equidad de género, la problemática del calentamiento global, contraloría de las instituciones que garantizan el quehacer democrático realmente ciudadanas y no mafiosas o tergiversadas por los propios partidos políticos [INE, IFAI, los programas anticorrupción, etc.) , entre muchos temas pendientes que quedan en el embrollo por su descalificación que parte desde la misma estigma y acciones que devienen de la misma mafia partidaria. Michels explicó que “a medida que se desarrolla una organización, no sólo se hacen más difíciles y más complicadas las tareas de la administración, sino que además aumentan y se especializan las obligaciones hasta un grado tal que ya no es posible abarcarlas de una sola mirada”. Es decir, a medida que van creciendo como organizaciones, el trabajo en los partidos se va complicando y con ello su organización. En ese sentido, la militancia tiene como obligación y responsabilidad fundamental de ejercer la crítica constante del lugar donde se realiza y condiciona su práctica política para ir avanzando hacía los objetivos que establece el partido en la escena pública.

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Sin intención

Hoy una amiga me dijo:
Es feo, tener a tantos hombres como pretendientes y que ni uno cumpla tu expectativa, a excepción de uno. Y no hablo de masculinidad, sino de originalidad. Todos pretenden seducirme con lo mismo. Hasta para enamorarse hay tener creatividad, arrojo y valentía. Entonces le pregunté.-¿y por qué te enamoraste él? Porque tuvo la decencia de nunca intentar enamorarme; nunca se lo propuso, tal vez debo suponer porque siempre me habló de la importancia de la libertad; del gesto festivo, de nunca pretender ser más de lo mismo. En su indiferencia me enamoré de él, de sus encantos y fracasos; de sus vicios y virtudes, de sus intentos de escritos -como él les llama- y de su terrible gusto por su equipo de fútbol. Me enamoró con inteligencia e inspiración. Supongo que la paleta junto con su libro que llevaba consigo en su mano que me regaló, terminó por seducirme lo último que le faltaba: el gusto y el placer.
¿Cuál es el nombre de aquél afortunado tipo? Interrogué.- Su nombre como el escritor francés…

Y entonces la besé.

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